No estaba muerto…

… estaba de vacaciones. Vacaciones no pagadas, por supuesto. Pero necesarias. No sé si el calor ha dilatado mi cerebro hasta chocar con el cráneo (estilo dobermann), pero últimamente he visto cosas muy extrañas. Algunas son extrañas e inusuales, como los cuatro pijos que iban en un descapotable también pijo por la Gran Vía de Madrid escuchando, cantando y “bailando” Ska-P, o como cuando me crucé por la calle con el jefazo de la DGT y le puse cara de asco (puedo jurar que fue algo instintivo, antes incluso de reconocerlo). Pero hay otras que no son inusuales y no por eso dejan de ser extrañas, como ver a Chuck Norris golpeando blancos culos nazis en la puerta de una iglesia baptista tejana (de hecho lo más extraño de esta imagen es justamente que no es inusual). Son como fantasías/pesadillas de las que no eres consciente hasta que se plantan ante tu cara. Lo mejor, en mi opinión, es mirar hacia otro lado siempre que no se corra peligro (a algunos ya nos han atropellado una vez y somos cautos) y pensar en algo más bizarro todavía. Como cuando te duele mucho algo y te autolesionas otra parte del cuerpo, lo que anula el primer dolor durante un rato… o eso dicen, vamos.

Algo de eso sabrá el amigo Ray Bradbury, sobre todo después de haber protagonizado una campaña publicitaria de caramelos allá por los años 50. Hubiera estado bien ver a Arthur C. Clark en esa misma campaña… ¡Los caramelos favoritos de los niños!


… y de obsequio veraniego, una dosis comunal de ver cosas raras:

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  • Ya somos...

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  • SIVAINVI – Phillip K. Dick

    Dios puede ser bondadoso y terrible, no en sucesión, sino al mismo tiempo. Esa es la razón por la que buscamos un mediador entre nosotros y él; nos aproximamos a él por mediación del sacerdote y lo atenuamos y lo cercamos a través de los sacramentos. Lo hacemos por nuestra propia seguridad: para atraparlo en confines que lo vuelvan inofensivo. Pero ahora, como Fat lo había percibido Dios había escapado de esos confines y estaba transubstanciando el mundo; Dios estaba en libertad. Los dulces sonidos del coro que canta «Amén, amén» no tiene por fin serenar a la congregación, sino apaciguar al dios. Cuando se sabe esto, se ha penetrado en la más íntima médula de la religión. Y lo peor es que el dios puede lanzarse hacia fuera al encuentro de la congregación hasta convertirse en ella. Uno venera a un dios y éste paga posesionándose de uno. Esto se llama en griego «enthousiasmos», literalmente, «ser poseído por el dios.» De todos los dioses griegos, Dionisio era el que mayor probabilidades tenía de hacerlo. Y, desdichadamente, Dionisio era loco. Dicho de otra manera —invirtiendo la enunciación— si un dios se posesiona de uno, no importa el nombre que reciba, lo más probable es que se trate en realidad de alguna forma asumida por Dionisio, el dios loco. Era también el dios de la intoxicación que, literalmente, puede significar la ingestión de toxinas, es decir, tomar veneno. El peligro está presente. Si se lo percibe, se intenta huir. Pero si se huye lo tiene a uno en su poder de cualquier modo, porque el semidiós Pan era la base de pánico, que es el incontrolable impulso de huida, y Pan es una subforma de Dionisio. De modo que, al tratar de huir de Dionisio, uno está en su poder de cualquier manera. Escribo esto, literalmente, con mano pesada; estoy tan cansado, que me caigo mientras me encuentro aquí sentado. Lo que sucedió en Jonestown fue que la masa huyó de pánico inspirada por el dios loco; pánico que condujo a la muerte, el resultado lógico del impulso del dios insano. Para ellos no hubo puerta de salida. Uno debe estar en posesión del dios loco para comprender esto, para comprender que una vez que sucede, no hay puerta de salida, porque el dios loco se encuentra en todas partes. No es razonable que novecientas personas se unan en su propia muerte y en la muerte de sus hijos, pero el dios insano no es lógico, no lo es en el sentido en que nosotros comprendemos el término.
  • Hombre de las cavernas – Barón Rojo

    Soy un ser extraño en la ciudad, soy un hombre feliz, no aguanto la cola del autobús, ni de caja Madrid. Vivo en una cueva sin ascensor, no hay teléfono móvil ni fax. Soy el hombre de las cavernas, soy un hombre de neandertal, nunca me corto la melena, no hago vida social. Si quiero ir al cine o a desayunar no me dejan entrar, me cubro con pieles de un animal, hace un frío glacial, no hago otra cosa que deambular por las calles de esta ciudad. Soy el hombre de las cavernas, soy un hombre de neandertal, yo no hago vida moderna, soy del Jurassic Park. Nunca voy al hiper ni a fichar, soy bestial, hago fuego como el hombre de neandertal. Soy el hombre de las cavernas, soy un hombre de neandertal, nunca me corto la melena, no hago vida social. Soy el hombre de las cavernas, soy un hombre de neandertal, yo no hago vida moderna, soy del Jurassic Park.
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